El centellazo

 

En esa época nosotros vivíamos cerca del Hotel Granada. Se bajaba por la izquierda del hotel y luego se subía la montaña y allí estaba nuestra casa que tenía por nombre: El Edén. Había dos árboles ( si es que podían llamarse así) donde Rita y yo colgabamos una hamaca todas las tardes. Sucedió que una tarde se nos olvidó recoger la hamaca y la dejamos colgando fuera. Al rato comenzó a llover. No digo llover; comenzó a caer un palo de agua. Mamá nos mandó a buscar la hamaca, papá dijo que viera que estaba lloviendo. Pero mamá, cuando mandaba a hacer algo, había que hacerlo. Rita y yo salimos a buscar la dichosa hamaca. Papá y mamá se quedaron parados en el marco de la puerta. Cuando veníamos de vuelta con la hamaca, Rita y yo sentimos que una fuerza descomunal nos empujaba y caímos al suelo, de espaldas. A papá y a mamá les sucedió lo mismo, pero ellos cayeron de espaldas en la sala. Había caído una centella entre ellos y nosotros. Estuvimos como tres días medio sordas. Fue un milagro que no nos pasara nada grave. Solamente lo de la sordera. Y así termina esta sorda historia. Y colorín colorado espero les haya gustado.

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